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Wolfy la hija de Loki

conocido como Wolfy

  • Vivo en Eso no es de tu incumbencia
  • Mi ocupación es Estudio
  • Soy Chica

Me llamo Wolfy, soy hija de Loki... Editar

Crecí con mis padres, los dos, ellos dijeron ser mis padres biologícos, claramente me mintieron...

Tuve una infancia normal, fui la jardín, a la escuela, entré al liceo y ahí fue cuando todo se torció.

Yo siempre fui algo depre, leía libros de aventuras y me decía "Ahí es asonde pertenezco, a un mundo de héroes y aventura. Mi lugar está allí, no en este mundo. ¿Estudiar, trabajar, morir? No. Yo quiero ser parte de algo más, quiero vivir una aventura... Pero eso no será posible..."

En fin, un día martes cualquiera, estaba en la esquina del patio, lamentandome como de costumbre cuando alguien entró al patio. Parecía una profesora fualquiera, tendría al rededor de 30 años, un moño alto, unas gafas de leer y una camisa blanca bien planchada. La gente no parecía presatrle atención pero yo sabía que había algo raro en ella, la forma en que me miaraba, como sus labios se curvaban al hablar, el hecho de que parecía no pestañear...

Aunque lo más extraño sin duda era el hecho de que jamás la había visto. No llevaba ni un año en ese colegio, pero creía reconocer a los docentes. La gente no le prestaba atención pero yo no podía dejar de mirarla. Mi sexto sentido me avisaba de que algo raro pasaba con ella, algo fuera de lo común

De repente, la directora nos dice que nos juntemos todos en un punto del patio, que nos sentásemos en una gran ronda. Yo me senté al lado de Miranda, ella era una de mis pocas amugas allí, desde el primer día se había preocupado por mí. Y ese día estaba particularmente nerviosa

La directora nos dijo que la señorita Flores nos iba a dar una charla especial, en conmemoración de este día tan importante, yo me quedé confundida, ¿señorita Flores? Nunca habíamos visto a la señorita Flores antes, tampoco entendía porque la directora tenía un a expresión psicópata y rigida, ni porque todo el mundo miraba a la señorita Flores como petrificados.

Estaba muy asustada. Me sentía sola en un mar de estatuas, la única persona que no parecía estar bajo el "hechizo" de la señorita flores era Miranda. Esto era muy raro, necesitaba hablar con ella

- Hey! ¿Qué está pasando? ¿Sabés quien es la señorita Flores? - murmuré, tratando de pasar desparecibida a la mirada de misma

-Oh no, oh no, no, no, no- musito Miranda, sumida en sus pensamientos

- ¿¡Me harías el favor de decirme que pimientos está pasando?! - ezvlamé exasperada

Miranda no pudo más que mirarme con pavor y hacer señas, como señalando a la señorita Flores

Entonces caí en la cuenta de algo que no había visto antes, su blusa. ¿Comenté que llevaba una camisa blanca bien planchada? Pues ya no más, ahora lucía un peto escamoso de unos cuantos tonos diferentes de verde oscuro

- T tú ta-también lo ves... ¿Verdad? - no podía creerlo, no tenía sentido.

Una parte de mi estaba asustada, la otra, totalmente eufórica, ¡Era que siempre había deseado! ¡Aventuras y mounstruos fantásticos!

-Ajám- balbuceó Miranda, asintiendo de tal forma que no pude evitar temer que su cabeza volara por los aires

Mientras yo pensaba en todo esto, un aire helado inundó la sala, la directora, que jamás había dejado de hablar en todo ese rato, se calló, los estudiantes posaron su mirada vidriosa en la señorita Flores, mientras que esta, avnzaba silenciosamente hasta el centro de la ronda. Empezó a mirar al rededor, sus ojos empezaron a teñirse de un amarillo intenso, mientras sus pupilas se dilataban hasta transformarse en una rayitas gatunas (¿o reptiloides?) de repente su cuerpo se endureció y se me quedó mirando fijamente con una sonrisa horrorosa.

Podría jurae que la brisa paró en ese mismo instante, y que la temperatura bajó 10 grados. Un escalofrío subió por mi columna como si me hubiesen volcado un cube de hielo en la espalda. No pude evitar mirarla.

- Eh, tiene usted un muy lindo gusto en ropa, aunque en lo personal estoy en contra de usar pieles animales en la vestimenta, ¿no al mlatrato animal? - sinceramente, no entiendo porqué dije eso, soponho que serían los nervios. En fin, ese estúpido comentario desencadenó vatias respuestas: las miradas de todos los presentes se situaron en mí, la directora seguía con su expresión rígida y psicópata, los alumnos con ojos vidriosos como si su mente se situara muy lejos de allí, Miranda me miraba como si me hubiese salido un tentáculo de la nariz y la señorita Flores empezó. A reírse histéricamente, todo eso sin pestañear

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